Eloisa
Cuando me di cuenta que lo que estaba haciendo era afianzar la imagen irreal
que sobre mí misma tenía, alimentar y proteger mi ego, empecé
a superar la ansiedad. Me sentía tan importante y necesaria que todo
me dañaba. Todo era concebido como una amenaza a mi yo idealizado .No
es fácil mantener en candelero algo que evidentemente no existe y hay
que dedicar grandes esfuerzos para que la verdad y las debilidades no salgan
a la luz. Tú eres el centro de tu mundo y tu deber es controlar todo
ese microcosmos porque de no ser así, las cosas no funcionan. Pero esto
es un duro trabajo para un aprendiz de Dios y no tardarían en llegar
las tensiones.
Pocas cosas eran mías y mi miedo me llevó al control y a la posesión
más feroz buscando la seguridad. Cualquier elemento ajeno, lo rechazaba,
con la consecuente carga de ansiedad. Todo aquello que creía una amenaza
que me relegaría a un segundo plano, lo rechazaba Mis relaciones con
la gente se hicieron muy precarias, sólo me relacionaba con aquellas
que nunca me harían daño y me alejaba de aquellas que no reafirmaban
mi autoestima por considerarlas mejores que yo.
No hay heridas más dolorosas
que las narcisistas. De este modo vivía encerrada en un pequeño
mundo hecho a mi medida, dónde no tenía que demostrar nada a nadie
y con la convicción de no ser dañada. Pero fuera de ese círculo
había un mundo lleno de gente que hacía cosas, que se enamoraba,
que trabajaba. Pero las comparaciones son odiosas en tan clara desventaja. Mi
yo perfecto y maravilloso sólo lo era en mi mundo porque fuera de él
no era más que un pajarillo indefenso.
Pero tenía que arriesgarme a salir de ese paraíso imaginario
y vivir la vida real. Por supuesto no estaba preparada para descubrir que no
soy el centro de nada, que ahí fuera existe competencia y agresividad
y que hay que luchar para abrirte un hueco en la vida. Como decía, no
estaba preparada y el precio que pagué fue el tener que soportar los
desagradables síntomas de la ansiedad.
En la actualidad estoy intentando superar mi ansiedad dejando de echar agua
en los surcos de las viejas estructuras y aprendiendo a desaprender que no es
poco.
Un saludo